Joan Stiven González

Declaración de artista:

El fragmento como forma de sugerir una noción de  memoria, alude directamente al recuerdo; un momento, un instante o una situación que por cualquier motivo o razón, llevamos guardados dentro de sí, es entonces como la evocación en su más amplio sentido pasa de ser un hecho real y concreto a configurarse en nuestro pensamiento y por ende en nuestro imaginario en la reconstrucción tanto del pasado como del presente en una acción recíproca.

Lo anterior, busca reflexionar acerca de la condición cambiante, frágil y dispersa que tiende hacia el silencio que remite el olvido. En otras palabras los objetos puestos en escena, inherentes a la construcción, configuran en su totalidad una “atmósfera fragmentada” desde la cual se representa sutilmente el efecto imparable y rotundo, que no da lugar a réplica desde la acción del tiempo y el olvido en nuestra memoria. Tanto el estado inicial así como su estado final, nos sirve para referenciar el paso del tiempo y finalmente el paso del recuerdo a la nada, al vacío y al anonimato.

Habitamos según la forma en que comprendemos tanto física como sensiblemente los espacios y las cosas que nos rodean, es así como: “toda comprensión es una interpretación” (Schleiermacher). Nuestra casa es cada uno de nuestros recuerdos, nuestra memoria es nuestra vida, los objetos, las cosas y los espacios son por ende la prolongación y activación de nuestras más profundas y dispersas evocaciones.

La casa es la persona misma, su forma y su esfuerzo más inmediato; yo diría su padecimiento. El resultado sólo se obtiene por la presión continuamente reiterada del pecho (…), empujada mil y mil veces por su corazón. (Michelet, 1858, p. 208).

Proyecto conformado por Tiempo en ruinas, Memorias dispersas, Nociones de olvido, y Penurias. Instalación (mobiliarios, tela y materiales de construcción), dimensiones variables, 2019