Ana María Mejía

Declaración de artista:

Ella siempre está ahí, viviendo en las sombras, en mi sombra. Es juiciosa en su oficio, llega todos los días temprano con sus juegos y artificios, se me agarra al cuello pesada como plomo y me susurra cosas malas al oído, mete la mano en mi cabeza y lo desordena todo, y transforma en acertijos los asuntos más sencillos, saca su caja de sueños rotos y me los pone en el pecho para hacerme sentir el vértigo del “habria sido” y el “nunca será”, me sopla en la cara un polvo negro, de pesadillas y melancolía y encierra todo en el vacío. Así me paso muchos días nadando contra su corriente, fumando un cigarro tras otro, llenándome de dulces y pastillas como si fueran ofrendas para apaciguarla un poco. Otros días le sigo el juego y nos juntamos, olvidamos por un rato eso de hacernos caer una a la otra, nos quedamos hasta tarde y ella me muestra imágenes que tiene guardadas, las recortamos y pegamos meticulosamente en libros, recogemos objetos que tenemos en común y los organizamos y reorganizamos una y otra vez o los miramos a través del ojo de una cámara, ella siempre quiere probar algo nuevo y se aburre rápido de mis juguetes, entonces andamos por ahí saltando entre las cosas, para no perder su interés. Dibujar es lo que más nos gusta y pasamos horas discutiendo detalles o creando mundos que ella misma ha imaginado y usamos pedazos que recortamos de las fotos que guarda para jugar con las posibilidades y nos divertimos como niñas coloreando.  Al final del día ella no parece tan grande y agresiva, y caemos ambas, mi ansiedad y yo exhaustas, dormidas.

“La realidad transita segura con su polifacética máscara de horror y belleza. No es una realidad sana, inmaculada; es una realidad llena de contradicciones que dialogan entre sí para permitirnos ser en el mundo”. Juan Manuel Mejía R.

Proyecto de ilustración digital, 100x100cm, 2019